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Oct 25_16 Si Me acompañasteis durante vuestra vida, Yo os acompañaré durante vuestra muerte. PDF Imprimir E-Mail

Rosario vespertino.

 

 

Temas:

 

  • No os imagináis cuánto gozo el que vosotros Me invitéis a vuestra vida, a que Me compartáis lo que hacéis. Lo que duele, lo que no duele, lo que gozáis, lo que sufrís, todo, todo cuanto Me ofrecéis, alivia Mis Penas, Mis Dolores y además, salváis a muchas almas.
  • No le hagáis caso a todos aquellos que os digan que no tenéis perdón de vuestros pecados, porque, en ellos, está satanás; tenéis perdón de vuestros pecados, si reconocéis vuestra maldad y vais con algún sacerdote que os perdone vuestras faltas, ése es requisito imprescindible.
  • Ciertamente, vosotros, también salís afectados, porque el pecado os va a atraer un castigo, temporal o eterno y, también, debéis de cuidar de ésa parte, pero, si realmente Me amáis, Mis pequeños, entonces, evitaréis los pecados, para que no Me dañen a Mí, vuestro Dios.
  • Os estoy esperando a todos, y todos, de ser posible, debéis de llegar a Mí, santos y, eso es, que hayáis dado vuestro máximo en servirMe, en la misión que os haya tocado y en la edad en la que debéis llevar a cabo vuestra misión.
  • Que todo esto os aliente, Mis pequeños, a que estéis siempre bajo Mis cuidados, bajo Mi Amor y, sobre todo, que contéis siempre con Mi Misericordia, con el perdón de vuestros pecados, si acudís a Mí, con plena Fe y confianza.

 

 

 

 

Mensaje de Dios Padre y Nuestro Señor Jesucristo a J. V.

 

 

 

Primer Misterio. Habla Nuestro Señor Jesucristo.

Sobre: No os imagináis cuánto gozo el que vosotros Me invitéis a vuestra vida, a que Me compartáis lo que hacéis. Lo que duele, lo que no duele, lo que gozáis, lo que sufrís, todo, todo cuanto Me ofrecéis, alivia Mis Penas, Mis Dolores y además, salváis a muchas almas.

 

Ya os he dicho, Mis pequeños, que aquellos que quieran venir en pos Mío, que tomen su cruz y Me sigan.

 

Mis pequeños, el unirse Conmigo, con vuestro Dios, Salvador y Redentor, es una Gracia muy especial que doy a las almas, en general, pero muy pocos toman esta Gracia para la salvación propia y la de vuestros hermanos.

 

Tomar la cruz y amarla, os repito, es una Gracia muy especial, porque el hombre siempre trata de evitar todo tipo de dolor y pena y, vosotros, sabéis cómo deseaba, Yo, tomar la Cruz para salvaros a todos. Es Mi Amor de Dios, es Mi Amor de Salvador hacia todos vosotros. Vosotros fuisteis salvados y la Redención cayó sobre todos vosotros, por Amor. Ciertamente, obedecí a Mi Padre, pero, como Dios, sabía Yo que todo esto iba a ser para vuestro Bien, que todos vosotros tendríais, nuevamente, la oportunidad de entrar al Reino de los Cielos, pero, nuevamente, os repito, no todos han querido aprovechar esta Gracia tan grande y que tanto Me costó.

 

Os he explicado que Mis Dolores no son solamente los de la Pasión. Desde Mi Nacimiento, desde Mi Concepción en el Vientre Materno, de Mi Madre, la Siempre Virgen María, Me aprisioné, Me dejé encerrar en un Vientre, cuando, en Nuestra Santísima Trinidad, Nuestra es toda la Creación y todo lo existente.

 

Se podría decir que, por Mi causa, porque el rey Herodes Me estaba buscando a Mí, murieron muchos niños, los niños inocentes; ese fue un gran dolor para Mí.

 

Mi Vida va surgiendo en la Tierra y se van dando dolores, persecuciones, ataques, todos esos dolores causados por Mi Presencia en la Tierra, satanás ya conocía de esto y Me fue atacando a través de todos aquellos que Me rodeaban y eso causaba grandes dolores en Mi Sacratísimo Corazón.

 

Estas son cosas que vosotros, normalmente, no meditáis. Ciertamente, algo meditáis de los Dolores de Mi Pasión, pero fue una vida de donación por todos vosotros. No vine a mandar a los que estaban a Mi alrededor, vine a servir para su crecimiento espiritual, para su salvación y para la salvación de todos vosotros.

 

Cuando vosotros unís vuestra cruz a la Mía, Me agrada mucho y, no tanto, por el ofrecimiento, sino por vuestra unión. No os imagináis cuánto gozo el que vosotros Me invitéis a vuestra vida, a que Me compartáis lo que hacéis. Lo que duele, lo que no duele, lo que gozáis, lo que sufrís, todo, todo cuanto Me ofrecéis, alivia Mis Penas, Mis Dolores y además, salváis a muchas almas. Es un tiempo que no se desperdicia, es un tiempo que salva, es un tiempo que santifica, es un tiempo que Me da Gloria, porque vosotros Me estáis dando Mi lugar como Dios, Salvador y Redentor de todos vosotros.

 

Ahora os podéis dar cuenta lo que vale el que vosotros estéis Conmigo. Que vayaMos caminando al mismo tiempo, cuando Me lleváis en vuestro corazón, en vuestra mente, en vuestras palabras, con vuestro ejemplo ante los hombres. Cuando os he dicho que seáis otros Cristos, es que os vean vuestros hermanos con esas características que os acabo de enumerar.

 

Virtudes, Amor, respeto a los demás, vida de oración, donación para ir hacia el pobre y necesitado, al enfermo. Eso, es ser otro Cristo, que la gente, a vuestro alrededor, alabe Mi Santo Nombre cuando vosotros actuéis ante ellos. Cuando alaban Mi Santo Nombre, es signo de que ya Me dejasteis vivir plenamente en vosotros y así es como se alcanza la santidad, Mis pequeños, cuando Me llegan a ver a Mí, en vosotros. Y esa es vuestra tarea, ser otro Cristo, ser un alma santa, ser otros salvadores mientras tengáis vida aquí en la Tierra.

 

Tomad, pues, vuestra cruz, pero con alegría, como la tomé Yo y, al actuar, actuad con alegría, aún a pesar del dolor y las preocupaciones, por los ataques de vuestros hermanos. Vuestras acciones, vuestra donación, la salvación de las almas que vosotros procuréis, serán tomadas en cuenta en vuestro Juicio Final y, si estáis Conmigo, estad seguros de que ganaréis el Reino Eterno.

Gracias, Mis pequeños.

 

 

Segundo Misterio. Habla Nuestro Señor Jesucristo.

Sobre: No le hagáis caso a todos aquellos que os digan que no tenéis perdón de vuestros pecados, porque, en ellos, está satanás; tenéis perdón de vuestros pecados, si reconocéis vuestra maldad y vais con algún sacerdote que os perdone vuestras faltas, ése es requisito imprescindible.

 

Muchos hermanos vuestros, Mis pequeños, no creen en Mi Presencia entre vosotros, Me toman todavía como el Dios lejano, el Dios que está en el Cielo, el Dios que no os conoce y que no sabe de vuestras necesidades. Por eso, Mi Padre Me envió a convivir entre los hombres, para que Yo pudiera ayudaros mejor, al conoceros.

 

Ciertamente, como Dios, no necesitaba bajar para conoceros, puesto que sois hechura de Nuestra Santísima Trinidad. ConoceMos vuestro interior, vuestros pensamientos ocultos, todo aquello que vuestros hermanos no conocen. Os conoceMos mejor de como os conocéis a vosotros mismos. ConoceMos perfectamente vuestras cualidades, defectos, Virtudes, logros, vosotros no os conocéis tan perfectamente como Nosotros y, por eso, Nosotros vamos moviendo vuestra historia, si os dejáis, para utilizaros para determinadas tareas importantes, para la salvación de los hombres.

 

Vosotros os distraéis demasiado con las cosas del mundo, y satanás sabe cómo podéis vosotros hacer grandes cosas por la salvación de las almas y, os desvía. Os he dicho que él no conoce vuestro pensamiento, pero él, a lo largo de vuestra existencia, se las ingenia para conocer cómo pensáis, por la forma en la que actuáis.

 

A lo que voy, Mis pequeños, es que Yo, como Dios, Hecho Hombre, al conoceros perfectamente, podéis venir a Mí, con entera confianza, sin temores y, sobre todo, sabiendo que Yo Soy vuestro Hermano, Hermano Mayor, que os conoce perfectamente, que os puede ayudar a lo largo de vuestra existencia aquí en la Tierra, que os puedo apoyar en vuestros momentos difíciles y, sobre todo, os puedo ayudar en vuestra salvación eterna, aun a pesar de que vosotros no confiéis en vosotros mismos, al creer que tenéis pecados que no son perdonables.

 

Satanás siempre os va a atacar y, especialmente, en los últimos momentos de vuestra existencia, al haceros creer esto, que tenéis pecados imperdonables y que no os mereceréis Mi Misericordia Infinita y, no es así, Mis pequeños, prácticamente, todos los pecados, por más graves que sean, pueden ser perdonados.

 

Dije, prácticamente, porque conocéis aquellos que no son perdonables. Vosotros debéis tener siempre la confianza de venir a Mí, seréis escuchados, entended esto muy bien, siempre seréis escuchados por Mí, vuestro Dios. Os comprendo, os perdono, para eso dejé el poder del Perdón de vuestros pecados, en los ministros de la Iglesia, en los sacerdotes, ellos tienen el poder de perdonar vuestros pecados, y debéis tener ésa confianza, porque si no tenéis esa confianza plena en ellos, nadie os podrá perdonar vuestros pecados y con ello, las Puertas del Cielo se mantendrán cerradas para vosotros.

 

Si no actuáis en Fe, si no actuáis respetando Mis Palabras, Mis Leyes, Mi Amor, vosotros mismos os estáis cerrando las Puertas del Reino.

 

Ciertamente, son hombres y cometen errores, pero el Sacramento que se les ha otorgado, lleva ese poder de perdonar vuestros pecados y ayudaros a vuestra salvación eterna. Ciertamente, estáis viviendo momentos difíciles, en donde satanás, se ha dado a la tarea de que vosotros perdáis la Fe y el amor a Nuestra Santísima Trinidad. Vosotros habéis caído en sus mentiras y ya no creéis en todas las Verdades que os Hemos dejado y, escritas están en la Biblia, estáis viviendo momentos críticos, pero todavía tenéis la oportunidad de vuestra salvación eterna.

 

Tenéis el ejemplo del buen ladrón, que, prácticamente, en sus últimos momentos de vida, Me pidió perdón, Me pidió Mi ayuda, se la di y, ése mismo día, estaba Conmigo en el Paraíso.

 

Vuestra falta de Fe, vuestra falta de amor hacia Mí, vuestra falta de confianza, os cierra las Puertas, pero, entended, que sois vosotros los que os cerráis las Puertas a Mi Reino; las Puertas están abiertas para todos aquellos que tienen Fe y confianza de salvación, porque acuden a Mí, acuden a Mi Palabra, acuden a Mi Misericordia Infinita, acuden a Mi Perdón.

 

No le hagáis caso a todos aquellos que os digan que no tenéis perdón de vuestros pecados, porque, en ellos, está satanás; tenéis perdón de vuestros pecados, si reconocéis vuestra maldad y vais con algún sacerdote que os perdone vuestras faltas, ése es requisito imprescindible.

 

Orad profundamente, Mis pequeños, manteneos siempre cerca de Mi Corazón, acompañadMe a lo largo de vuestra vida, y vuestro paso, al Reino de los Cielos, será fácil, porque si Me acompañasteis durante vuestra vida, Yo os acompañaré durante vuestra muerte.

Gracias, Mis pequeños.

 

 

Tercer Misterio. Habla Nuestro Señor Jesucristo.

Sobre: Ciertamente, vosotros, también salís afectados, porque el pecado os va a atraer un castigo, temporal o eterno y, también, debéis de cuidar de ésa parte, pero, si realmente Me amáis, Mis pequeños, entonces, evitaréis los pecados, para que no Me dañen a Mí, vuestro Dios.

 

Hijitos Míos, todos vosotros tenéis pecados recurrentes y Me refiero a aquellos, de los cuales os confesáis siempre de lo mismo y es porque no habéis trabajado sobre ellos o vuestra debilidad espiritual os hace caer continuamente en ellos. Para eso estoy Yo, Mis pequeños, vuestro Hermano Jesucristo. Yo os conozco, y gracias a que vosotros podéis ofrecer vuestros dolores, penas, todo aquello que puede hacer que vuestro espíritu se fortalezca, Yo os puedo ayudar a que crezcáis en Virtud, para que aquellos pecados recurrentes, no se presenten más.

 

Debéis estar conscientes de que sois débiles en ésa parte de vuestra mente o de vuestro cuerpo. OfrecedMe ésos pecados, ofrecedMe todo vuestro ser y lo uniré a Mi Ser, que fue Martirizado por entero. Yo puedo Purificar todo aquello que esté enfermo en vosotros, pero, vosotros, debéis tener esa confianza en Mí y, además, poner de vuestra parte, para que, sabiendo con Fe, que Yo puedo Purificar lo que esté produciendo vuestros errores, vuestros pecados, o sea, vuestras debilidades en general, os podáis reconfortar en Mí, podáis crecer en fuerza espiritual y aún física, para que no volváis a caer cuando os enfrentéis a ellos, disminuiréis o anularéis la fuerza de satanás, que os lleva a que vosotros pequéis.

 

Si os dais cuenta, Mis pequeños, satanás os lleva a pecar para que dañéis Mi Sacratísimo Corazón. Como fue corrido del Cielo, eso le dolió mucho, vivía en gran soberbia y le dolió mucho el castigo que se le impuso y quedó en vergüenza ante todos los Ángeles, tanto los buenos, como los caídos y, por eso, es el ataque tan fuerte contra vosotros, para desquitarse, a través vuestro, con vuestros pecados, con vuestras debilidades, de Mi Corazón Sacratísimo.

 

Ciertamente, Me duelen vuestros pecados, sé que satanás los provoca para dañar Mi Corazón y esto, os lo hago saber, Mis pequeños, para que os deis cuenta que, al que quiere dañar es a Mí, vuestro Dios, en Mi Santísima Trinidad.

 

Vosotros debéis de poner de vuestra parte el que no Me dañe más, satanás, a través de vuestros pecados, a través de vuestras debilidades, a través de vuestros errores. Ciertamente, vosotros, también salís afectados, porque el pecado os va a atraer un castigo, temporal o eterno y, también, debéis de cuidar de ésa parte, pero, si realmente Me amáis, Mis pequeños, entonces, evitaréis los pecados, para que no Me dañen a Mí, vuestro Dios.

 

Mi Padre os dio la vida, el don de la vida, para que vosotros hicierais cosas buenas y, con ellas, agradarais a Nuestro Corazón, en Nuestra Santísima Trinidad, pero, si os volvéis en, cierta forma, instrumentos de satanás, en donde pecáis para que él goce dañando a Mi Corazón Sacratísimo, entonces, os volvéis instrumentos de él y no estáis mostrándoMe amor. Esto es necesario que lo comprendáis, Mis pequeños y, sobre todo, porque decís que Me amáis y si es así, debéis darMe alegrías en lugar de penas.

Gracias, Mis pequeños.

 

 

Cuarto Misterio. Habla Dios Padre.

Sobre: Os estoy esperando a todos, y todos, de ser posible, debéis de llegar a Mí, santos y, eso es, que hayáis dado vuestro máximo en servirMe, en la misión que os haya tocado y en la edad en la que debéis llevar a cabo vuestra misión.

 

Hijitos Míos, todos vosotros, cuando sois pequeñitos y entráis a la escuela, vais subiendo de grado año tras año. En todos ésos grados, vosotros vais obteniendo buenas o malas calificaciones, vais creciendo en capacidades, en conocimiento, hasta llegar a altos grados profesionales y, quizá, con maestrías o doctorados, que sería lo más perfecto, dentro de vuestros estudios terrenos.

 

Cuando estáis Conmigo, en lo espiritual, no importa la edad que tengáis, las Virtudes con las que habéis sido dotados y las capacidades espirituales, os van llevando, también, a que, aunque sean pocos los años que tengáis de vida, podéis hacer grandes cosas para el Reino de los Cielos.

 

Ciertamente, conocéis ejemplos de hermanos vuestros que se han santificado de diferentes edades de vida. Desde pequeños, jóvenes, adultos o ancianos; no importa la edad, para llegar a un alto grado de santidad, lo que importa es vuestra donación, vuestro acercamiento al Amor.

 

Ciertamente, hay almas que fueron creadas para misiones específicas, especiales, difíciles y, ellas, a veces responden y a veces no responden; ahí es donde entra vuestro libre albedrío. También, existen misiones, por decirlo así, normales, en las que entráis la gran mayoría de vosotros, y que vuestra misión es salvar almas, producir amor, pero no en la forma que tienen ésas almas especiales, en las que su responsabilidad es mayor. Todos debéis producir amor, todos debéis regresar a Mí, al final de vuestra existencia en la Tierra. Os estoy esperando a todos y todos, de ser posible, debéis de llegar a Mí, santos y eso es, que hayáis dado vuestro máximo en servirMe, en la misión que os haya tocado y en la edad en la que debéis llevar a cabo vuestra misión.

 

Con esto os quiero decir que tenéis la obligación de ser santos y con eso os quiero decir que lograsteis un alto grado de perfección, no importando la edad que teníais para servirMe, sirviéndoMe en la salvación de vuestros hermanos y glorificando Mi Santo Nombre, entre vuestros hermanos.

 

 

Quinto Misterio. Habla Dios Padre.

Sobre: Que todo esto os aliente, Mis pequeños, a que estéis siempre bajo Mis cuidados, bajo Mi Amor y, sobre todo, que contéis siempre con Mi Misericordia, con el perdón de vuestros pecados, si acudís a Mí, con plena Fe y confianza.

 

Hijitos Míos, la Parábola del hijo Pródigo, es aplicable a todos vosotros, lo sabéis, todos vosotros habéis pecado a lo largo de vuestra existencia.

 

Así como el hijo, que pidió sus bienes, su herencia, para ir al Mundo, conocer un Mundo diferente del que se vivía en el palacio, así estáis vosotros. Bajasteis del Cielo para servirMe. Estáis en el Mundo, en donde satanás, quiere destruir todo lo que Yo creé y, especialmente, a vosotros, que fuisteis creados a Imagen y Semejanza Mía.

 

Estáis en el Mundo, a merced de los ataques de satanás, pero, ciertamente, con Nuestra Protección, pero, aun así, vosotros queréis actuar por vosotros mismos y caéis y no solamente una vez, sino cientos de veces; satanás, os ha quitado la herencia, que es la Gracia.

 

El hijo pródigo, perdió la herencia, era el dinero, pero en la vida real, con vosotros, lo más grande que tenéis es vuestra alma y, el alma, en su estado de Gracia. Vosotros habéis caído muchas veces en los engaños de satanás y habéis perdido esa herencia hermosísima, que es el estado de Gracia, que os da una comunicación continua Conmigo, con vuestro Dios. Cuando vosotros caéis en pecado grave, perdéis esa comunicación, pero, Yo, Me acerco a vosotros y os hago recapacitar, os doy la Luz, para que vosotros entendáis que no podéis manteneros en la obscuridad y no os podéis mantener sin esa vida de oración, que es la comunicación continua Conmigo, vuestro Dios.

 

Ciertamente, es una vida de caídas y de éxitos; éxitos cuando vosotros lleváis a cabo vuestra misión correctamente, que es el hacer el bien, vivir en Mi Amor, dar Vida a otras almas, ayudar a hermanos vuestros a crecer en Virtudes, en amor. Y así como tenéis defectos, tenéis cualidades, tenéis caídas y os ayudo a que os levantéis.

 

En la Parábola, está el Rey, esperando que su hijo regrese algún día, en cualquier momento. Ciertamente, regresa, lo abraza, lo besa, le da el anillo nuevamente, que es la dignidad Real, a la cual pertenecéis vosotros. Sois de Mi Realeza, fuisteis creados a Imagen Mía y, por eso, mantenéis esa Realeza. Vuestra alma, es parte de Mí, Me pertenecéis, por eso, os doy tantas oportunidades de que os levantéis, de que pidáis perdón, de que volváis al camino del Bien, de que deis fruto.

 

Yo nunca, nunca dejo a un alma sin Mi ayuda, sin Mi Consuelo, sin Mi guía amorosa, Soy Todo Amor, Soy vuestro Creador, Soy vuestro Padre. Yo no puedo descuidar Mis Obras, vosotros valéis más que cualquier otra cosa que creé y, así, está en las Escrituras: valéis más que un pajarillo, valéis más que todas las flores, valéis más que toda la belleza creada, de la Naturaleza, sois Mis hijos, por eso, debéis regresar a vuestro Hogar.

 

Que todo esto os aliente, Mis pequeños, a que estéis siempre bajo Mis cuidados, bajo Mi Amor y, sobre todo, que contéis siempre con Mi Misericordia, con el perdón de vuestros pecados, si acudís a Mí, con plena Fe y confianza. Os estoy esperando, estoy en lo alto del castillo esperándoos, como el Rey en la Parábola. Mi Amor os está esperando, quiero que compartáis eternamente Conmigo los Bienes del Cielo. Depende de vosotros, ciertamente, que gocéis este gran regalo que os espera, pero no es por Mí vuestra condenación, es por vosotros mismos, por vuestra falta de amor hacia Mí, por vuestra falta de Fe a la confianza, que todo lo perdona.

Gracias, Mis pequeños.  

 
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