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Mzo 30_17 Muchos, muchos fueron los llamados y muy pocos serán los escogidos. PDF Imprimir E-Mail

Rosario vespertino - MENSAJE ÚNICO

 

 

 

Mensaje de Nuestra Señora del Carmen a J. V.

 

 

 

Primer Misterio. Habla Nuestra Señora del Carmen.

Sobre: Sed, pues, Mis pequeños, esas almas envueltas del Amor de Mi Hijo, almas Crísticas, almas Divinas, almas, en las cuales, Mi Hijo, vuelve a Renacer para mostrarse ante el Mundo. Por eso, ciertamente, Mis pequeños, los escogidos, estáis en el Mundo, pero no sois del Mundo, porque Mi Hijo fue así.

 

Hijitos Míos, Me presento ahora en Mi Advocación de Nuestra Señora del Carmen, porque quiero enseñaros a Mi Hijo. Él vino la primera vez, a través Mío, fui escogida por el Padre, en Su Santísima Trinidad, para que Yo fuera el conducto entre el Cielo y la Tierra, para que pudiera venir Mi Hijo a reparar vuestros pecados y para traeros la Salvación, siempre y cuando, cumplierais con los Mandamientos y los requisitos, para que, vuestros pecados fueran perdonados.

 

Ahora, en Mi Advocación de Nuestra Señora del Carmen, os estoy mostrando a Mi Hijo, nuevamente, y digo nuevamente, porque el tiempo se acerca ya, para Su Segunda Venida. Ahorita que os Lo muestro, os estoy anunciando esta Segunda Venida y así está Escrito, que en Su Segunda Venida, Yo también Seré medio y he de anunciarLo al Mundo, al Universo entero. Mi Hijo está con vosotros, pero, si antes vino como Redentor, ahora viene a Juzgar.

 

Qué tristeza Me da, Mis pequeños, Ser portadora del Divino Amor, porque Yo, como Madre de todo el género humano, quisiera estar orgullosa de anunciarLe a Mi Hijo, que Su familia, que sois vosotros, porque sois hermanos de Mi Hijo, que Su familia es buena y siguió los Mandamientos y aprendió, con Su Donación; y es todo lo contrario. Me da vergüenza enseñarLe a Mi Hijo este Mundo, Me da vergüenza enseñarle a sus hermanos, que, en lugar de seguir lo que Él vino a traerles, para que fuerais santos, escogisteis otro camino, el camino del mal, el camino del traidor.

 

Lloro, Mis pequeños, y lloro ante Mi Hijo, porque vosotros no habéis querido aprovechar el camino que os trazó Mi Hijo para que alcanzarais la santidad de vida. ¡Cuánto Dolor Le causáis a Mi Hijo, cuánto Dolor Me causáis a Mí, Mis pequeños! No sois lo mejor con lo que una madre puede presumir a sus amistades. Sois tan pocos los que entendisteis la Misión de Mi Hijo, que os enamorasteis de Su Amor y que agradecéis, de corazón, todo lo que Él hizo por vosotros. ¡Sois tan pocos!

 

Mi Hijo Se dio totalmente por vosotros. ¿Qué sentiríais, cada uno de vosotros, si alguno de vuestros hijos hiciera un sacrificio grande, por el bien de vuestra familia o por el bien de una comunidad y que, en lugar de agradecer ese bien, siguierais vuestra vida, como si nada hubiera pasado y, además, sin agradecer el bien que vuestro hijo hubiera hecho a toda esa comunidad?

 

Poneos en Mi lugar, Mis pequeños, Yo Soy Madre de vuestro Salvador y Soy Madre vuestra, también, porque así Me lo pidió Mi Hijo en la Cruz. Una madre se alegra con las buenas obras de un hijo y se avergüenza ante la gente, cuando alguno de sus hijos se porta mal o causa problemas graves en la comunidad o más, si es en una ciudad o en el Mundo.

 

Me siento avergonzada ante Mi Dios, porque sois tan pocos los que habéis entendido y aprovechado la Donación de Mi Hijo por cada uno de vosotros. Sois tan pocos los que os mantenéis Conmigo, a pesar de los ataques hacia vuestra persona, hacia vuestros ideales, hacia vuestra forma de pensar, en lo religioso. Os atacan, por ser buenos, por creer en Mi Hijo, por amarLo y respetar lo que Él os vino a Enseñar.

 

Ciertamente, aquellas almas que atacan a las almas buenas, a las almas que se llenan de Mi Dios, están satanizadas, porque, solamente, satanás Lo odia en la forma en cómo vuestros hermanos os atacan, porque lleváis a Mi Hijo en vuestro corazón.

 

Tenéis que aprender a ver la realidad espiritual que os rodea, Mis pequeños. Hay un Bien y hay un mal, si en vuestro corazón anida el Bien, es que Nuestro Dios, está en vosotros. Nuestro Padre, Mi Hijo, Mi Esposo, el Santo Espíritu de Amor y Ellos, contentos están, porque vosotros transmitís lo que Ellos, han permitido que vosotros aprendáis y viváis. Y hay un mal, que es el que satanás produce, y ese mal ataca y trata de destruir todo lo que venga de Mi Hijo, todo lo que venga de la Santísima Trinidad, Divina. Éstas almas, ciertamente, le han abierto su corazón a satanás, porque, por ellos mismos, no atacarían a Nuestro Dios y Señor, al menos, Lo respetarían, porque el alma, reconoce a su Creador, pero cuando, ya, un alma ataca, blasfema, destruye todo lo que es de Nuestro Dios, esa alma se ha dejado poseer por satanás y debéis tener cuidado, Mis pequeños, porque Mi Hijo os dijo: o sois de Dios o sois de satanás, no hay medianías, o amáis u odiáis.

 

Y es una desgracia que haya tantas y tantas almas, alrededor del Mundo, que se han dejado arrastrar por satanás, no quieren saber nada de Nuestro Dios y Señor, no quieren saber nada de Mi Hijo ni lo que Él sufrió para daros Vida, para poder entrar, nuevamente, al Reino de los Cielos.

 

Cómo van a pedir Misericordia, estas almas, si no la conocen, porque, si satanás habita en su corazón, es hipocresía hablar de Misericordia, hablar de Amor, exigir que Nuestro Dios les conceda un Bien, ya sea material o espiritual, cuando ellos odian, blasfeman, atacan Al que Es Fuente de Vida, Al que Es Providencia Divina, Al que Es Todo Amor.

 

Dice J. V.: En este momento la Santísima Virgen del Carmen, cargando al Niñito Jesús y alargando Sus brazos, me muestra a Su Hijito.

 

Aquí les muestro a Mi Hijo, vuestro Dios y Salvador, Es Todo Un Dios, a pesar de Su edad, Pequeñito, un Bebé, y Es vuestro Dios y bajó para serviros, bajó para amaros, bajó para daros una Nueva Vida, aprendiendo lo que Él, enseñó. Antes de que Él bajara y enseñara aquí en la Tierra, el hombre vivía en la obscuridad, vivía en la maldad, vivía en el error, vivían en la manipulación, de aquellos que se decían los sacerdotes del Templo, los transmisores de la Verdad. Y Mi Hijo os trajo la Luz, puso en evidencia a esos sacerdotes del Templo, a los escribas y fariseos, mostrándolos al pueblo, como lo que realmente, eran: ladrones, blasfemos, pecadores y por eso Lo mataron.

 

Vuestro Dios, vuestro Salvador, fue asesinado por aquellos que se decían los guías del pueblo, los que solamente podían leer las Escrituras y enseñarlas al pueblo. ¡Cuánto error y cuánta falsedad ha sufrido la humanidad!, el pueblo escogido Le dio la espalda a su Mesías y se propuso llenar de mentiras a la humanidad y lo ha hecho, y la mentira es de satanás.

 

Mi Hijo Es la Luz, la Verdad, la Vida, pero pocos son los que han querido vivir en esa Verdad, dejarse guiar por ella, vivirla, amarla, transmitirla. Los que Le siguen, son muy amados por nuestro Dios y Señor y son muy odiados por el enemigo. Vosotros no vinisteis a servir al enemigo, vinisteis a servir a Nuestro Dios, vinisteis a servir a Mi Hijo y ser como Él, vivir como Él, transmitiendo palabras de Vida, haciendo milagros, porque debéis hacerlo, porque Mi Hijo está en vosotros, convirtiendo a vuestros hermanos con las mismas Palabras con que Mi Hijo os convirtió.

 

Tenéis una tarea bellísima, suprema, ser otro Cristo, salvar almas, destruir la maldad de satanás a través del Amor que debéis, vosotros, primeramente, vivir y luego, transmitir.

 

Sois los escogidos del Señor, sois las ovejas del rebaño. Muchos, muchos fueron los llamados y muy pocos serán los escogidos y Yo, como Madre vuestra, Me duelo con vuestro actuar, Me duelo con vuestra respuesta de haber despreciado el Amor de Mi Hijo, que sólo vino a amaros, que sólo vino a levantaros hacia la Vida, la Verdadera Vida que debéis seguir aquí en la Tierra; empezar a amar aquí, para cuando terminéis vuestra vida, vuestra misión, aquí en la Tierra, sigáis viviendo y creciendo en Amor, en el Reino de los Cielos. Aquí empezáis a amar, porque estáis siguiendo a vuestro Dios, estáis siguiendo Sus Enseñanzas, pero, ciertamente, el Pecado Original, no os permite avanzar como quisierais, no os permite vivir el Amor, como éste se os dará después, en el Reino de los Cielos. Vuestro amor y vuestra Fe hacia vuestro Dios, hacia Mi Hijo, es lo que os va a dar la salvación, que tanto perseguís vosotros, los que entendéis, por obra de Mi Santo Espíritu, Mi Esposo, que aquí no será vuestro hogar eterno, sino el Reino de los Cielos será vuestro Hogar y que allá, avanzaréis inmensamente en el Amor que buscasteis y seguisteis, primeramente, aquí en la Tierra. El Amor de vuestro Dios, es vuestro y es muy Poderoso, pero vosotros debéis ser como Mi Hijo, humildes, en todo momento, humildes y si os permite hacer un milagro o grandes cosas, grandes portentos, para mostrar a vuestros hermanos que Dios trabaja y Vive en vosotros, la humildad os mantendrá seguros de que no caigáis en la soberbia y perdáis los Bienes de Nuestro Dios.

 

En todo momento, humildad, Mis pequeños, y sencillez, sabiendo que no sois vosotros los que tenéis el Amor de Mi Hijo, nada más por tenerlo, sino que lo vivís, porque fuisteis escogidos, disteis vuestro “fiat” y Nuestro Dios, se congratuló con vosotros y os llenó de Su Vida. Os habéis ganado la Vida de Dios en vosotros, porque Lo amáis, porque Lo buscáis, porque queréis vivir eternamente, en el Reino de los Cielos, después de haber trabajado, como Mi Hijo, aquí en la Tierra, para ayudar a vuestros hermanos, que no entendieron la lección, pero que necesitan de vosotros para su salvación.

 

Entended, Mis pequeños, la misión tan grande y tan bella que tenéis, la de ser otros Cristos para salvar a infinidad de almas que tienen esa posibilidad de salvarse, pero no tienen las capacidades, porque no hay quién les enseñe o que entiendan las Verdades que Mi Hijo enseñó.

 

Dejaos, pues, Mis pequeños, mover por Mi Santo Espíritu, pedidLe continuamente el ser otros Cristos y así, seréis reconocidos en el Reino de los Cielos. Si realmente cumplís vuestra misión de ser otros Cristos, se os conocerá como hermanos de Mi Hijo, verdaderos hermanos del Salvador. Dejaos, pues, mover por Él; va ir trabajando en vosotros, empezaréis a olvidar vuestra vida pasada y se os abrirá un nuevo camino, una nueva vida, bella y llena de alegrías por servir a Nuestro Dios.

 

No hagáis elucubraciones, porque no estáis capacitados para conocer y aún para imaginar la Obra de un Dios. Sois creaturas muy pequeñas e incapaces de entender las grandezas de Todo un Dios. No elucubréis, simplemente, dejaos mover por vuestro Dios. Sed sencillos, así como cuando erais pequeños en la escuela, ibais a ella, para que os enseñaran cosas nuevas, vosotros no os podíais, ni siquiera imaginar, que lo que antes sentíais difícil ahorita se os hace sencillo. Os enseñaron las primeras letras, los primeros números cuando erais pequeñitos, y gozabais cuando ibais a aprender.

 

No os podéis imaginar lo que la Potencia de Todo un Dios puede hacer con vosotros, no tenéis ni idea de Sus Potencias y lo que haréis por el Reino de los Cielos.

 

Os vuelvo a repetir, sencillez, humildad y mucho amor, para dejaros mover por el Maestro, Mi Hijo y por Su Amor.

 

Ciertamente, Mi Esposo, el Espíritu Santo, envolverá a cada alma escogida, en Su Sabiduría, en Su Amor y os transformará. Ahí empezaréis a sentir y a vivir las Potencias Divinas trabajando en vosotros. Ciertamente, al reconocer este cambio en vosotros, si realmente amáis y respetáis a Nuestro Dios, caeréis de rodillas, agradeciéndoLe Sus Bondades, Su Misericordia, Su Amor Infinito.

 

Imaginaos en un salón inmenso, vosotros arrodillados y una Gran Luz, una Inmensa Luz, llenando todo el recinto, en donde vosotros os veis tan pequeños como una hormiguita. No estáis asustados, estáis anonadados y preguntándoos cómo es posible, que Todo un Dios, en Sus Potencias Infinitas, os haya escogido a vosotros, tan pequeños, siendo una nada, para poseeros, para regalaros las Potencias Divinas y para trabajar para el Cielo, como gustosamente, lo hacen los santos y los Ángeles. Estáis arrodillados, estáis poseídos por el Divino Amor. Es inmenso el lugar y estáis solos, en Presencia de vuestro Dios, que, ciertamente, no lo veis, pero vuestros sentidos, Lo perciben tal como Es. ¡Cuánto Amor! ¡Cuánta Sabiduría! ¡Cuánto Conocimiento!, y todo esto, nuevo para vosotros, y esto os lo ganasteis, porque fuisteis fieles a las Promesas de Mi Hijo, porque Le amasteis, porque Lo vivisteis, porque Lo transmitisteis.

 

Vosotros no os imagináis la forma en que Nuestro Dios y Señor, en Su Santísima Trinidad, paga a las almas fieles, paga a las almas amorosas, paga a las almas abandonadas de sí mismas, porque escogisteis el servirLe, porque Él es vuestro Dios, porque Él es Creador de todo lo visible y lo invisible, porque creísteis por Fe y amasteis de corazón, sin nunca haberLe visto antes. Ese es el Verdadero Amor, que llegó a vosotros, Le abristeis vuestro corazón a vuestro Dios y anidó en él.

 

Sois odiados por el Mundo, sois odiados por satanás, porque tendréis lo que él perdió; perdió a su Creador, a su Dios, Lo sacó de su corazón y se llenó de soberbia. Vosotros, en cambio, aceptasteis vuestra pequeñez, Le amasteis con un corazón, totalmente donado a Su Voluntad, Creísteis en Él por Sus Obras y porque la misma Fe os dice que Se dio en lo Personal por vosotros. Le amáis, Le respetáis, Le agradecéis, porque Él se dio por vuestra salvación,

 

¡Es tanto el Amor que tiene por las creaturas!, pero, especialmente, por aquellas que se han vuelto otros Cristos. El ser otro Cristo, es ser un alma llena de amor, que no importa que se le ataque, que se le blasfeme, que se le haga a un lado o que se le mate; cuando un alma ama de verdad, alma convertida en otro Cristo, amará a sus hermanos, no importando lo que de ellos llegue.

 

Las almas Crísticas, se convierten en salvadoras y, a pesar de recibir un daño, de ellas, sólo salen las frases de Mi Hijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Las almas Crísticas, aman, aman inmensamente a las almas que se han llenado de la maldad de satanás, conocen que son pequeñas, que no han crecido y no por eso las deben despreciar, al contrario, se abajan, para que comprendan el Amor Verdadero; se abajan, para convencerlas de que hay un Dios que las ama a pesar de sus pecados, de sus faltas, de sus errores, de su maldad. Las almas Crísticas, solamente quieren la salvación de las demás almas, porque eso es lo que aprendieron de Mi Hijo, Se dio por todos, por todas las almas, en todos los tiempos, sin excepción.

 

Sed, pues, Mis pequeños, esas almas envueltas del Amor de Mi Hijo, almas Crísticas, almas Divinas, almas, en las cuales, Mi Hijo, vuelve a Renacer para mostrarse ante el Mundo. Por eso, ciertamente, Mis pequeños, los escogidos, estáis en el Mundo, pero no sois del Mundo, porque Mi Hijo fue así, vino al Mundo, pero no aceptó la maldad del Mundo, no aceptó su pecado y lo atacó, lo destruyó con Su Amor, con Su Evangelización y con Su Resurrección.

 

Sois Mis hijos, sois Mis Cristos, nuevamente, y os voy a cuidar, Mis pequeños. Yo estaré con vosotros, Mi Hijo os estará llevando a donde Él os quiera llevar, porque, Él, vivirá plenamente en vosotros; sois los nuevos Cristos, dejaos mover por Su Amor Divino y por Su Amor Infinito.

 

Amad, amad a vuestros hermanos, aún a pesar de la maldad con la que os puedan atacar, como atacaron a Mi Hijo. Dejad que Mi Esposo, el Santo Espíritu de Amor, os transforme, os llene de esa Nueva Vida que gozaréis inmensamente, para que podáis empezar a ayudar a vuestros hermanos que quedarán después de la Purificación, a crear el Nuevo Mundo, un Nuevo de Vida, de Vida Espiritual, de Vida en Dios, de Vida en Perfección.

 

Os amo, Mis pequeños, no temáis a los cambios que vengan, todo será para vuestro Bien, amad a vuestro Dios por todo el Bien que ha hecho y hará con vosotros. Os amo, Mis pequeños, llevadMe siempre en vuestro corazón. Os Bendigo y os Bendigo con la Palabra de Mi Hijo, vuestro Salvador.

Gracias, Mis pequeños.

 
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