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Rosario vespertino-MENSAJE ÚNICO.

 

 

 

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Mensaje de la Santísima Virgen María a J. V.

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Primer Misterio. Habla la Santísima Virgen María.

Sobre: Estáis completamente seguros cuando el Amor de Nuestro Dios habita en vosotros, os rodea, os cubre. No temáis, pues, a lo que suceda en vuestra vida, a vuestro alrededor. Estáis perfectamente protegidos, porque pertenecéis a Nuestra Familia, seréis purificados, para que entréis al Nuevo Mundo.

 

Hijitos Míos, vengo con el Corazón adolorido, Soy vuestra Madre, vosotros estáis celebrando cien años de Mi Aparición en Fátima pero, Mi Corazón, adolorido está. Yo Soy vuestra Madre, así Me lo pidió Mi Hijo en la Cruz, Madre de todo el género humano y de todos los tiempos.

 

Una madre va guiando a la familia, una madre, se da por los hijos, una madre derrama su corazón sobre cada uno de sus pequeños.

 

¡Cuánto Dolor!, ver a Mis hijos dando una respuesta tibia o totalmente negativa, y muy pocos, muy pocos respondiendo a la Donación de Mi Hijo por la salvación de vuestras almas.

 

¡Cuánto Dolor, tiene Mi Corazón de Madre!, al ver vuestra respuesta a Quien os creó, a Quien os ha salvado, a Quien os ha guiado desde lo profundo de vuestro corazón. La Santísima Trinidad está con vosotros, desde el momento de vuestra concepción.

 

Cada uno de vosotros traéis una misión específica, una misión de amor, porque Nuestro Dios y Señor, es sólo Amor.

 

¿Qué habéis hecho con vuestro corazón? ¿Qué habéis hecho con el Amor de Nuestro Dios?, no le cuidasteis, no lo compartisteis, vuestro corazón ya no tiene Vida, porque habéis sacado la Vida Divina de él. Vuestro corazón está muerto, creéis vivir en el Mundo, pero estáis muertos en realidad.

 

¡Cuánto desamor entre vosotros! Os habéis vuelto otros Judas, porque él recibió, mucho Amor de parte de Mi Hijo y Le traicionó, a pesar del Amor que él vivió junto a Mi Hijo. Vosotros tenéis, ya, la Donación de Mi Hijo y Le habéis traicionado, también.

 

Estáis sufriendo, porque vosotros mismos habéis forjado vuestro futuro. El Bien, no viene de satanás, a quien, vosotros mismos os entregasteis.

 

Se os dio todo, para que fuerais santos, se os dio Vida, se os dieron cuidados del Cielo, porque, ciertamente, vivís en tierras extrañas, en tierras llenas de maldad, de odio, tierras, en donde satanás vive y ha destrozado muchas almas.

 

Se os han dado todos los cuidados para que vosotros mantuvierais la Vida del Cielo en vuestro interior y lo dierais a vuestros hermanos.

 

Desde pequeños, desde vuestra concepción, tenéis cuidados y regalos del Cielo, porque se os ha dicho que vuestra alma vale muchísimo; no tenéis idea, Mis pequeños, lo que es un alma y su valor ante los Ojos de Nuestro Dios y Señor. No habéis valorado el regalo de la vida, los dones que se os concedieron a cada uno de vosotros, el Amor que de segundo a segundo, desde vuestro nacimiento, desde vuestra concepción, se os ha dado. Es más, no habéis querido, ni tomar un poco de tiempo, para meditar todos los regalos que habéis recibido de vuestro Dios y Creador.

 

Vinisteis a servir a Aquél que es Puro Amor, vuestro Dios. (Lenguas…) ¡Se os dio tanto!, para que lo multiplicarais, al servir a vuestros hermanos, viviendo en el Amor de vuestro Dios. Y ¿qué hicisteis con ese Amor? No seguisteis la Parábola de los Denarios, fuisteis de ésos cobardes que, en lugar de multiplicar lo que vuestro Dios os dio, mejor lo enterrasteis y lo devolvisteis, según vosotros, para no tener ningún compromiso, para que no os reprendiera vuestro Dios. ¡Cuánto error! ¡Cuánto error, Mis pequeños!

 

¡Cuántas almas quisieran servir a su Señor! ¡Cuántas almas quisieran vivir como vosotros habéis vivido! Se os concedió el don de la vida y ¿qué hicisteis con ese tiempo, con esa Gracia tan grande de vivir para vuestro Señor? ¡Para vuestro Señor! Preferisteis vivir en la mentira, en la falsedad, en el error, a pesar de que, a lo largo de vuestra existencia, habéis tenido a Mi Santo Espíritu, a Mi Esposo, que os guiaba, que os llevaba hacia la Verdad Divina y, vosotros, abristeis vuestra mente y vuestro corazón, a una supuesta verdad, a la que satanás os llevaba.

 

Se Me dio la tarea de guiaros, de protegeros, Me he aparecido en todas partes del Mundo, bajo varias advocaciones, para cuidaros, para llevaros por el buen camino, el único camino que existe para regresar al Reino de los Cielos: La Palabra de Dios, La Palabra de la Santísima Trinidad.

 

Tuvisteis a Mi Hijo en la Tierra, os dejó mucha Vida, ¿dónde la dejasteis?, habéis desperdiciado ese Cielo que se os puso en vuestro corazón. Despreciasteis a vuestro Dios, Lo sacasteis de vuestro corazón, vivisteis para el Mundo y el Mundo es de satanás.

 

¡Cuántas veces se os han perdonado vuestros pecados! ¡Cuántas veces, Mi Señor y Mi Dios, tuvo Misericordia para con vosotros!, Misericordia que vosotros no tenéis para con vuestros hermanos. Errores, ¡habéis tenido tantos!, y se os perdonaron, porque vuestro Dios os ama Infinitamente. Mi Dios y Señor, se ha dado por cada uno de vosotros y ¿qué tanto Le habéis agradecido? ¿Cuánto de Él lleváis en vuestro corazón? ¡Es tanto el Amor que tiene por vosotros! ¡Os perdona tanto!

 

Mi Hijo os dio Su Vida, os dejó una escuela de Amor, os dejó Palabras Divinas y Yo os pregunto, ¿para qué? ¿A quiénes les han servido?, porque muchos de vosotros, habéis cerrado completamente vuestro corazón a todo de lo que Él viene.

 

Todo lo que tenéis, viene del Cielo, viene de vuestro Dios y ¿cuándo Le agradecéis?

 

Me aparecí tantas veces alrededor del Mundo, para recordaros lo que sois, lo que debéis hacer, el Dolor que Le causáis a Mi Dios y Señor, la traición de vuestro corazón hacia el Corazón de Mi Hijo, que se dio por vosotros. ¿Habéis, acaso, hecho algo grande por vuestro Dios y Señor?

 

Mi Hijo se dio en totalidad, hasta la última Gota de Su Sangre por vosotros y vosotros Le despreciáis, no Le agradecéis, ¿Le habéis dado, acaso algo de vuestra vida a Él, para reparar por vuestros pecados? ¿Le habéis agradecido, todo lo que hizo por vosotros? ¿Le habéis acompañado, en algún momento de Su Vida? ¿Le habéis compartido vuestras alegrías o también, vuestras tristezas? ¿Habéis reparado por vuestros pecados y por el mal trato que Le habéis infringido a Su Sacratísimo Corazón? ¿Habéis tenido ternura por Mi Hijo Pequeñito, que nació, para que vosotros, también, nacierais a la Gracia Eterna? ¿Os habéis dado, vosotros, en ayuda a vuestros hermanos, como Él Se dio por vosotros? ¿Habéis compartido lo que Él os dio, de Conocimiento Divino, a vuestros hermanos que no Le han conocido?

 

Sed sinceros vosotros mismos, sed honestos y poneos una calificación ante los Ojos del Padre, ante los Ojos de Su Trinidad Divina.

 

¡Cuánto Dolor Nos causáis, la gran mayoría de vosotros! Ciertamente, hay almas, todavía, que Nos causan alegría, a las cuales, también, Les podeMos agradecer que hayan escogido la mejor parte, como María que, a pesar de estar en el Mundo, prefirieron la Palabra de Nuestro Dios. Gracias, Mis pequeños, los que habéis entendido, los que habéis seguido a vuestro Dios y Señor, los que lleváis Su Santísima Trinidad en vuestro interior, que Le cuidáis, que Le escucháis, que Le pedís crecer en Su Amor.

 

Gracias, Mis pequeños, los que Nos causáis alegría santa, porque, a pesar de todo el pecado con el que satanás os quiere hacer caer, es a él a quien le dais la espalda; es a él a quien no queréis seguir; es a él a quien no queréis escuchar. Benditos seréis en el Reino de los Cielos. Sois Mis hijos, sois Mis verdaderos hijos. Sois los verdaderos hijos de Nuestro Dios y Señor. Sois los que habéis preferido vivir en el Amor, en el Amor Verdadero y no en el amor pecaminoso, a donde os lleva satanás, engañados por el Mundo. Sois Vida ante vuestros hermanos, sois ejemplo, sois odiados, porque así os lo dijo Mi Hijo, que, aquellos que Le siguieran a Él, también, tendrían que pasar una Cruz, porque el Mundo no os quiere, porque el Mundo Lo desprecia, porque no pertenecéis al Mundo. Benditos y alabados seréis, ante los Ojos de Nuestro Dios, porque fuisteis la Imagen de Mi Hijo en la Tierra durante vuestra vida, durante vuestra existencia, fuisteis ejemplo, fuisteis Amor, fuisteis Luz entre las tinieblas, que, ahora, ahogando están al Mundo.

 

Ciertamente, los que ahora vivís, estáis pasando una prueba muy fuerte, pero, también, la Misericordia de Nuestro Dios está, también, muy Fuerte. Es más Poderosa que toda la maldad que satanás ha sembrado en los corazones; es más Fuerte que toda la mentira que os rodea, es más Fuerte que el error, que la gran mayoría ha dejado entrar en su corazón.

 

Son momentos de cambio, son momentos de dolor para aquellos que no supieron vivir en el Bien, pero son momentos, también de sana y santa alegría, para aquellos que escogieron el camino que Mi Hijo os mostró y que el Padre puso en vuestro corazón.

 

Son momentos de alegría, porque vosotros mismos, en total honestidad, os habéis calificado. Ciertamente, vuestra calificación, no será muy alta, pero lo que hicisteis, lo hicisteis de todo corazón para alegrar a Nuestro Dios. Estáis llamados a la Perfección y muchos de vosotros, los escogidos de este tiempo, tendréis altos grados de perfección en los tiempos por venir.

 

Esta Purificación, Mis pequeños, os encaminará a ello, a ir alcanzando la Perfección a la que fuisteis llamados. Seréis guiados, seréis tomados por Mi Esposo, el Santo Espíritu de Amor y gozaréis, inmensamente, lo que, por tiempo, habéis intuido en vuestro corazón, y que vais a obtener de Nuestro Dios.

 

Las almas que viven intensamente el Amor de Nuestro Dios y Señor, intuyen ese cambio, intuyen esa alegría, intuyen el Amor inmenso que vais a recibir después de esta Purificación y que os traerá un Bien inimaginable, porque es tan grande y son tan grandes los regalos de Nuestro Dios, que no os podéis imaginar lo que Dios ha creado para consentir a las almas buenas, a las almas que buscan su santidad, a las almas que viven el Amor Divino.

 

Entristeceos Conmigo, Mis pequeños, Mis hijitos, Mi familia, porque hay muchos hermanos vuestros, que han errado, que han blasfemado el Santo Nombre de Nuestro Dios, que han sido otros Judas de este tiempo. Orad por ellos, ayudadMe, Mis pequeños, a salvar tantas almas como se pueda, porque sabeMos que hay muchos que han cerrado completamente su corazón y no quieren saber nada del Amor, del Verdadero Amor que viene de Nuestro Dios.

 

DadMe alegría, Mis pequeños, compartidMe vuestras alegrías, recordadMe, Mis pequeños, los momentos bellos que habéis tenido en vuestra vida, de lo que os ha dado Nuestro Dios, de lo que Yo os he dado y que gozasteis mucho. Vivamos ya, pues, en familia, porque soMos la familia que quedará para un Nuevo Mundo, una verdadera familia, que no ha podido satanás romper ni destruir ni afectar porque, el Verdadero Amor, os tiene como en una caja fuerte.

 

Estáis completamente seguros cuando el Amor de Nuestro Dios habita en vosotros, os rodea, os cubre. No temáis, pues, a lo que suceda en vuestra vida, a vuestro alrededor. Estáis perfectamente protegidos, porque pertenecéis a Nuestra Familia, seréis purificados, para que entréis al Nuevo Mundo radiantes del Amor de Nuestro Dios, con un corazón puro, sencillo, de niños, un Amor que desea ser más amado.

 

PedidLe, pues, a Mi Esposo, el Santo Espíritu de Amor, que os ayude a engrandecer el Amor que se os dio, a apreciarlo y, sobre todo, a agradecerlo.

 

Dejaos, pues, Mis pequeños, guiar por Mí, por vuestra Madre, la Siempre Virgen María, en estos momentos de tribulación. No temáis, Yo ya os había avisado de esto, en muchas de Mis Apariciones; satanás, no Me soporta, no soporta ni siquiera escuchar Mi Nombre, menos Mi Presencia. LlevadMe, pues, en vuestro corazón, estos son momentos de Mi Triunfo, de Mi Triunfo sobre las fuerzas de satanás, el triunfo de Mi Inmaculado Corazón, sobre aquél que Lo negó, sobre aquél que Lo traicionó.

 

Que Mi Dios y Señor descienda sobre vosotros, os Bendiga, os proteja y Yo, vuestra Madre, con el Amor y con el Poder de Mi Señor y Mi Dios, os tomaré y os llevaré por caminos seguros en estos momentos de tribulación, pero de gran alegría para vosotros, porque es un paso, un paso necesario que deberéis dar, para obtener esos regalos inmensos, inconmensurables, que Nuestro Dios y Señor, os dará.

Gracias, Mis pequeños.

 
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