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Ago 13_98 Más sobre la Prudencia. Imprimir E-Mail

Mensaje.

 

Mensaje de Dios Padre a J.V.

 

Hijitos Míos, hoy os quiero seguir hablando sobre la Prudencia. La Prudencia es una virtud que refleja al corazón sabio. En la Prudencia hay Humildad, hay Caridad, hay Perdón. La persona que la poseé, generalmente, es una persona, que ante los ojos humanos, aparece como sabia y centrada en su actuar y pensar y recurren a ella para buscar consejo y apoyo en su vida.

La Prudencia es humildad, porque el alma que la poseé no habla ni actúa por sí misma, antes de hablar o pensar o responder a alguna agresión, se dá un tiempo a la respuesta para que no sea su voluntad la que responda, sino Mí Voluntad, la que actúe en él.

Me dá Mí lugar primero, por eso es sabia el alma que la poseé, porque se apoya en Mí, Vuestro Dios, para actuar en su vida.

La Prudencia es caridad, porque antes de actuar, sobrepasará el mal y el bien que pueda producir su respuesta. Respeta los sentimientos de sus hermanos y tratará de que la acción o su respuesta vaya de acuerdo a las vivencias de Mí Jesús. Tratará de dejar un bien en las almas con las que entre en contacto y tratará de evitar destruir en parte o totalmente sus sentimientos. Su respuesta será edificadora del espíritu y producirá un acercamiento hacia Mí, Vuestro Dios y Señor.

La Prudencia es Perdón, porque sabe el alma prudente que para mantener una vida sana y de buenas relaciones, se debe aprender a perdonar. Y vuelvo a repetir, el alma prudente dejará que actúe Yo primero antes que su propio yo, su propio ego.

El alma prudente sabe separarse de sí misma, sabe que debe dar luz de vida, luz de amor, luz de paz a sus hermanos, a pesar del daño que haya recibido a su persona.

El alma prudente tiene la virtud heróica del perdón, la cuál os enseñó Mí Hijo Jesucristo cuándo os dijo: “Si os golpean una mejilla, poned también la otra”, y así le darán tiempo a la persona que ataca, de recapacitar del daño que hace.

La Prudencia destruye la soberbia, porque vé primero el bienestar de los demás antes que el propio.

¡Cuántos errores humanos se podrían haber evitado su se hubiera cultivado ésta virtud! Y no hablo sólo de errores entre vosotros, sino de ellos para con Vuestro Dios. Cada pecado, cada falta grave que conocéis que se han dado a través de vuestra historia, si los viéramos a la luz de la Prudencia, hasta vosotros mismos os daríais cuenta que se podrían haber evitado y no estaríais viviendo la vida que ahora lleváis.

Donde hay Prudencia no hay soberbia, os dije, ahora retomad vuestra historia y recapacitémos juntos. Luzbella, ahora Luzbel, el demonio, ¿Sí hubiera sido prudente, hubiera cometido el pecado tan grave que cometió contra su Dios? No, hijitos Míos. ¿Sí Adán y Eva, vuestros Primeros Padres, hubieran sido prudentes, se hubiera cometido el pecado de origen? No, Mis hijitos. ¿Sí Caín hubiera usado la Prudencia, hubiera cometido ése primer asesinato? No, Mis hijitos. El prudente, siendo sabio, va a reconocer los males o bienes que puede producir su respuesta en lo futuro.

Y, así, tenemos nuevamente en la historia, si el pueblo que edificó la Torre de Babel hubiera sido prudente y no se hubiera puesto contra Su Dios, ¿hubiera sucedido lo qué sucedió?

Todas las guerras llevan una raíz de imprudencia y en ella la soberbia. Y los accidentes que se causan en las ciudades y carreteras, ¿no llevan, acaso, también, la falta de ésta virtud? Las rencillas familiares, ¿no están también faltas de ella?

Recapacitad y ved lo que puede producir en vuestras vidas la falta de una virtud. Es como en el cuerpo humano, si os falta algún elemento importante para vuestro desarrollo, ¿no lo resiente todo el cuerpo? Así, cuando obráis con imprudencia humana o espiritual, afectáis a otras vidas, según sea el caso, vidas humanas o vidas espirituales, ¡afectáis al Cielo mismo!

Vuestra respuesta imprudente afecta a todo lo que os rodea, tanto Tierra como Cielo u se verá afectados según el grado de vuestra imprudencia.

Por ejemplo, ¿no causa muchas muertes la imprudencia en la decisión de un mandatario al provocar una guerra entre pueblos? La decisión y la imprudencia fue de uno y afecto a millones. En el plano espiritual ¿no afecta a millones la muerte espiritual que uno provoca al editar un mal libro, al hacer una mala película o el difundir errores espirituales a través de ideologías nocivas? Fue la idea de uno, la imprudencia de uno que se vendió al enemigo, para causar el mal en millones.

Así se afecta al Cielo, al impedir la entrada de muchas almas, por dejarse llevar por la imprudencia de uno.

Ahora, también la falta de la vivencia personal de las virtudes y de la vida espiritual que os pido, es una imprudencia personal, ya que podéis protegeros de las imprudencia ajenas al vivir según Mis Enseñanzas, que os dí a través de Mí Hijo Jesucristo. Sí la imprudencia de uno sólo puede producir tanto mal, ¿no creéis que la Prudencia santa de otro, por el contrario, puede producir mucho bien?

Si no usáis de la Sabiduría, que debéis pedirMe, no podréis lograr obtener las virtudes necesarias para hacerle frente al mal que se os presenta.

Es vuestra misma imprudencia, que se vuelve falta de amor hacia Mí y hacia lo Mío, lo que os hace estar como estáis. Si tuvieráis ésa Prudencia, si la pidiérais a Mí Santo Espíritu por manos de Vuestra Madre Santísima, entonces fácilmente os podríais proteger y podríais hacer vivir Mí Amor sobre la Tierra.

Necesito almas prudentes, almas sabias que aceleren Mí Regreso a vosotros. Yo estoy deseoso de compartir Mis Tesoros Celestiales, los tenéis al alcance de vuestra mano, pero debéis reflexionar en su uso y saber que el aceptarlos implica una gran responsabilidad en vuestras vidas, ya no seréis vosotros los que obraréis libremente, sino Yo en vosotros. El primer paso que debéis de dar para obtener Mis Virtudes y Mis Tesoros, es el de revestiros de la Humildad; si así lo aceptáis y lo lográis, Yo viviré en vosotros y al vivir en vosotros hago Mí Morada y Mí Morada es el Cielo mismo y así empezaréis a vivir y a compartir Mí Cielo, aún aquí en la Tierra.

Reflexionád y veréis que vosotros saldréis ganando por añadidura, vuestros hermanos y así daréis un gozo grandísimo a Mí Corazón, ya que Mí Deseo máximo, es el de llevarles, lo antes posible, Mí Cielo y Mí Salvación a todos lo hombres, de todas las razas, de todos los credos.

Yo os bendigo en Mí Santo Nombre, en el de Mí Hijo, Salvador y Redentor y en el del Purísimo Amor del Espíritu Santo. Acercáos y pedíd a Mí Hija, la Siempre Virgen María, Su apoyo espiritual y Su guía Materna.

 
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