Ene 25_18 No estáis enamorados de Mi Amor, no Me ofrecéis lo mejor que tenéis, lo mejor que hacéis.

Rosario vespertino - MENSAJE ÚNICO.

 

 

 

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Mensaje de Dios Padre y Nuestro Señor Jesucristo a J. V.

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Primer Misterio. Habla Dios Padre y Nuestro Señor Jesucristo.

Sobre: ¡Regresad, pues, Mis pequeños, os espero, os espero con los Brazos abiertos! Veo hacia los caminos y espero a las almas a que regresen a Mí. Espero ver vuestra presencia, caminando hacia Mí, arrepentidos.

 

Hijitos Míos, cuando Yo estuve entre los hombres, primeramente, como Dios, ya os conocía perfectamente y, estando entre vosotros, os tuve y os traté de guiar a cada uno de vosotros, según vuestro carácter, según vuestra educación, según vuestro conocimiento.

 

El hombre está muerto, el hombre no vive, cuando no está Conmigo. De qué os sirve, Mis pequeños, tener una vida de mundo, en donde se os respete, en donde se os conceda una posición especial, cuando, ante Mí, no sois nada, porque no os habéis llenado de Mí, del Conocimiento que Yo os dejé y del Ejemplo que Me visteis hacer y, sobre todo, la oración que, también, Me visteis vivir y que era oración para vosotros. Los mismos apóstoles Me veían apartarMe de ellos, para que Yo tuviera esa relación íntima con el Padre.

 

Os he enseñado esa oración, esa relación íntima, pero ¿cuántos de vosotros, realmente, la seguís?, ¿cuántos de vosotros os tomáis el tiempo para estar con Nuestra Santísima Trinidad? Pocos, muy pocos lo hacéis y os perdéis de tanta Sabiduría que Yo os pudiera transmitir, a través de Mi Santo Espíritu, al estar unidos en la oración.

 

La oración os lleva hasta la profundidad de Nuestro Amor, de Nuestra Sabiduría y del Conocimiento que vosotros debéis tener para vuestra santificación.

 

Entended, Mis pequeños, que el mundo no os va a santificar, vosotros podéis hacer lo que hace cualquiera de vuestros hermanos que viven en pecado, que viven en la maldad, y por otro lado, también, aquellos que viven en la maldad, que viven en el pecado, que viven apartados de Mí, pueden hacer lo que vosotros hacéis, con sus capacidades intelectuales, pero, la gran diferencia, de lo que vale ante Mis Ojos, es que lo que estéis haciendo, no solamente lo estéis haciendo para ganar un poco de dinero más, sino que lo que estéis haciendo, realmente, lo hagáis de corazón para ofrecerMe vuestros actos y los unáis a los Míos. No es lo mismo actuar por vosotros mismos, que actuar unidos a la Comunión de los Santos.

 

Mis pequeños, desperdiciáis tanto al no estar unidos a Mí, al no querer vivir de acuerdo a Nuestra Voluntad. Ya os he dicho que satanás os ha desviado de vuestro caminar. Vosotros veis, a vuestro alrededor, hermanos vuestros que van y vienen, que hacen una cosa u otra y sentís que el mundo va caminando en forma normal, sin problemas, pero no vivís, realmente, como debierais vivir seguros en Mi Corazón.

 

Vivís con temores, porque no estáis unidos a Mí, porque no estáis haciendo lo que debéis hacer, unidos a Nuestra Trinidad.

 

Cuando Yo estuve entre vosotros, llevando a cabo Mi Misión, todo lo que Yo hacía, iba dirigido a Mi Padre. Yo no hacía las cosas por Mí Mismo, apartado de Mi Trinidad, Yo no Me apartaba de la Presencia de Mi Padre y de Mi Santo Espíritu. Ciertamente, no Nos podeMos separar el uno del otro, salvo en el momento de la Crucifixión, pero siempre estaMos unidos.

 

Vosotros, actuáis totalmente al revés. Vivís para vosotros mismos, hacéis lo vuestro y, solamente, si se os presenta algún problema, os acordáis de Nosotros. No Nos ofrecéis vuestros mejores frutos, vuestro mejor trabajo, vuestras mejores acciones, como lo hacía Abel.

 

No estáis enamorados de Mi Amor, no Me ofrecéis lo mejor que tenéis, lo mejor que hacéis. Sigo recogiendo de vosotros solamente las migajas, y no porque Me las deis, sino que Yo, como pordiosero, las recojo porque se cayeron de vuestro plato.

 

Soy vuestro Padre, Soy vuestro Dios y Me merezco todo. Me merezco muchísimo más de lo que vosotros, si alguno de vosotros, buenamente, Me dais algo de lo vuestro.

 

Debierais estar contentos en darMe de lo que tenéis, de lo que hacéis, de lo que lográis, porque Yo os di todas las capacidades que tenéis pero, difícilmente, os acordáis de Mí.

 

Ciertamente, Soy vuestro Dios y no necesito de vosotros, por así decirlo, pero sois Mis hijos y el Padre se alegra, infinitamente, cuando el hijo va hacia Él, ya sea para platicar, ya sea para compartir, ya sea para jugar, pero, la gran mayoría de vosotros Me hacéis a un lado, no vivís por Mí ni para Mí, vivís para vosotros mismos, gozáis solos, no compartís de lo que Yo os doy, para que vosotros paséis por este mundo de la mejor forma.

 

Poco meditáis de lo que es vuestra misión, de lo que os costaría si no estuvierais protegidos por Mi Providencia y por Mi Presencia ante vosotros y en vosotros; satanás continuamente os está atacando u os quiere atacar, él quisiera destruiros, por la envidia que os tiene y por el bien que hacéis, los que realmente, lo queréis hacer.

 

Una pregunta se Me ocurriría haceros: ¿qué es peor, pecar contra Mí, dándoos plena cuenta que estáis pecando contra Mí o, el olvidarMe, el no contar Conmigo para nada en vuestra vida?

 

Es doloroso que os pregunte esto, Mis pequeños. Pasar desapercibido en vuestra vida, a pesar de que Yo os doy todo, que os cuido, que os proveo y, sobre todo, que os amo infinitamente.

 

¿Cuántas veces, un hijo, en una familia grande, hasta llega a hacer algo malo, hasta llega a pelearse con los hermanitos o cometer algo desagradable a los padres, con tal de que se fijen en él?

 

Es triste esto que os digo, Mis pequeños, porque, vosotros, no Me compartís de vuestro amor, no tratáis de buscarMe y compartirMe, de lo que recibís de Mí, a pesar de que todo lo que tenéis viene de Mí.

 

Nada se da, si no es por Mi Voluntad, pero estáis tan alejados de la espiritualidad profunda en la que Yo quisiera que estuvierais, que por ello no os acordáis de Mí y, a veces, ni os interesa que Yo viva junto a vosotros vuestra vida.

 

El Amor, os he dicho, que lo llena todo, sin Mi Amor, sin Mi Protección, sin Mi Providencia, vosotros desapareceríais en ese momento; si Yo no estuviera viendo, continuamente, por vosotros, dejaríais de existir. Yo Soy Todo para vosotros, pero no os dais cuenta de la importancia de Mi Presencia en vuestra vida. Puede ser soberbia de vuestra parte, puede ser olvido, pueden ser tantas cosas, pero, la realidad es, que Yo no estoy en vuestra vida. Continuamente os quejáis de todo lo que os pasa, Me echáis la culpa de todo y, en ese momento, sí existo en vuestra vida, pero no para un bien, sino para que Me reclaméis que no os está yendo bien y, Me ofendéis, Me blasfemáis, porque, según vosotros, no estoy cumpliendo con vosotros para que os vaya bien.

 

¿Os dais cuenta lo mal que os portáis con Aquél que os ha dado todo?

 

¿Cómo queréis llegar al Reino de los Cielos? ¿Cómo queréis tener premios grandes, de parte Mía a lo largo de vuestra existencia, si solamente os aprovecháis de Mí o más bien, os queréis aprovechar de Mí, para vuestro bien? No os importa meditar ¿cómo estoy Yo, qué siento? Yo Me merezco vuestra vida entera, Me merezco vuestros triunfos, Me merezco todo lo que hacéis en el bien.

 

Os he dado pocas o muchas capacidades, pero para vuestro bien y para lo que necesitaréis para la misión que os encomiendo, para que crezcáis, también, espiritualmente y Yo os pueda premiar grandemente en el Reino de los Cielos.

 

Yo, continuamente, estoy viendo por vosotros, para llevaros por caminos que os van a ayudar a crecer espiritualmente y para que podáis conocerMe mejor y de esta forma, gozarMe cuando terminéis vuestra misión aquí en la Tierra y podáis volar hacia el Reino de los Cielos, pero ¿cómo Me podréis gozar si no Me conocéis, si no Me buscáis, si no os importo para nada?

 

He venido a la Tierra para estar entre vosotros. A ese grado Me he dado por el bien vuestro. Creé a Mi Segunda Persona, el Verbo Divino para estar entre los hombres y así Me conocierais mejor, aprendierais de Mí. Os he dejado el Conocimiento Divino, el Conocimiento Celestial, con el cual podéis empezar a gozar, desde la Tierra, el Cielo que tendréis al final de vuestra existencia. Pero ¿a cuántos les importa esto?, os pregunto, ¿cuántos, realmente, desean vivir, ya, desde la Tierra, los gozos de Mi Reino, que es vuestro Hogar? Mucho, mucho se desperdicia de Mi Gracia que cae continuamente sobre vosotros.

 

Por un lado, hay maldad en vuestro corazón y no os interesa la santidad de vida, por otro lado, hay mucha distracción del mundo y no os interesa llenaros de la Sabiduría Divina.

 

No buscáis vuestro bien eterno, os conformáis con lo poco que tenéis, que es mundano, que no os ayuda a vivir de acuerdo a lo que Yo os enseñé. ¡Cuánto error estáis viviendo!, y todo porque os habéis apartado de Mí, vuestro Dios.

 

Lo que estáis padeciendo y padeceréis, os llevará a buscarMe, a que os deis cuenta de que Yo Vivo en vosotros y para vosotros, pero que, también, exijo amor, el amor de un hijo hacia un Padre.

 

Ciertamente, este es tiempo de purificación, es tiempo de que el hijo pródigo regrese al Padre, de que el hijo pródigo se dé cuenta de su error, de que el hijo pródigo se dé cuenta que habéis vivido en el mundo y que el mundo os traiciona y os traicionó y que en lugar de llevaros hacia un bien, os llevó hacia vuestra destrucción, tanto física, espiritual y económica y todo porque quisisteis hacer lo que creíais, humanamente, que era correcto.

 

Y os repito, ciertamente, estáis llevando una tarea humana, pero si no la Divinizáis, uniéndoMe, pidiéndoMe que os acompañe en vuestra misión, en vuestra vida, de nada sirve lo que hagáis, si no estoy Yo junto a vosotros.

 

Sois Mis hijos pródigos que necesitáis regresar al Padre, Yo Soy el Padre rico, Yo Soy el Rey, tenéis vuestro lugar en el Palacio, venid hacia Mí, Mis pequeños, os conozco, sé lo que habéis hecho de bueno y de malo cada uno de vosotros, pero venid arrepentidos y os pondré, nuevamente, el anillo al dedo, os daré ropas reales, para que viváis en el Castillo, para que viváis la Realeza a la cual pertenecéis. No sois del mundo, el mundo os traiciona, el mundo os mueve hacia el pecado y hacia la irrealidad de vida. No estáis viviendo de acuerdo a Mi Voluntad, estáis desperdiciando todo lo bueno que he puesto Yo en vuestra mente y en vuestro corazón, lo habéis desperdiciado, y por eso, vivís como en un estercolero, como el hijo pródigo, de la Parábola, vivía.

 

Muchos de vosotros vivís entre cerdos, ya no tenéis dignidad, os habéis dejado mover por la maldad y el pecado y vivís entre ese lodo putrefacto, maloliente, como el de los puercos.

 

¡Regresad, pues, Mis pequeños, os espero, os espero con los Brazos abiertos! Veo hacia los caminos y espero a las almas a que regresen a Mí. Espero ver vuestra presencia caminando hacia Mí, arrepentidos.

 

Venid a Mí, Me veréis gozoso de que hayáis regresado a donde pertenecéis, no pertenecéis al mundo, pertenecéis al Cielo, porque fuisteis creados en el Cielo y para el Cielo, ahora, solamente, estáis en una misión, pero estáis viviendo en un lugar muy diferente al que pertenecéis.

 

Cumplid, pues, vuestra misión, arrepentíos de vuestros pecados, arrepentíos de la traición hacia Mí, vuestro Dios, la traición hacia Mi Amor, porque Me habéis hecho a un lado de vuestra existencia. Retomad una vida de piedad, de amor, de humildad y sencillez. Sed, nuevamente, ésos pequeños hijos Míos que tanto necesito ver a Mi alrededor. Os quiero sencillos y no soberbios, como ahora estáis. Desgraciadamente, la gran mayoría de vosotros, necesitareis dolores fuertes, para que vuestras rodillas se doblen y caigáis arrepentidos ante Mi Presencia y Mi Amor, por tanto mal que Me habéis hecho y les habéis hecho a vuestros hermanos.

 

Habéis sacado mi Amor de vuestro corazón, no tenéis protección contra satanás. Habéis caído en sus trampas, él le teme a Mi Amor en vuestro corazón y, por eso, os ha vaciado de él. No tenéis protección contra su maldad y él sabe que el Amor, Mi Amor, es poderosísimo cuando vosotros lo vivís, cuando lo transmitís, cuando Me lo dais.

 

Venid, pues, Mis pequeños, Mis hijos pródigos, regresad a donde pertenecéis. Llenaos de Mi Amor, arrepentíos de corazón y dejadMe abrazaros e indicaros a dónde pertenecéis. Vuestro lugar os está esperando, estoy con vosotros y os perdono de todos vuestros errores y de toda vuestra maldad, pero decídMelo vosotros mismos de corazón y todo cambiará en vuestra vida. Soy vuestro Dios, Soy el Amor Infinito y quiero lo mejor para cada uno de vosotros, pero tiene que salir un arrepentimiento profundo y sincero de vuestro corazón, como el del hijo pródigo.

 

Vuestro lugar está en el Reino de los Cielos, regresad a Mí, Mis pequeños, regresad a Mí.

Gracias, Mis pequeños.